Mons. José María Arancedo - Desde el Evangelio
07 de octubre de 2017 - Mes de la Familia PDF Imprimir E-mail

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MES DE LA FAMILIA

En el mes de octubre celebramos el Mes de la Familia. Es una realidad que nos compromete, por ello hablamos del “evangelio de la familia”. No se trata de algo que pertenece a otra época, si bien la historia le da un ropaje propio ella es parte del designio de Dios. Para la fe cristiana todo tiene su fuente en Dios que se nos revela a través del libro de la Creación y del libro de su Palabra. La Familia encuentra su lugar en ambos libros. Dios nos habla en la creación, hay que saber leerlo y escucharlo en su Palabra que ilumina su misma obra. Al crear al hombre, varón y mujer, Dios nos muestra en esta diversidad una complementariedad única que está al inicio de la vida y de su cuidado.

Es común decir que la familia es la primera escuela de los derechos humanos y del comportamiento social. En ella se aprende, sin grandes discursos, las relaciones fundantes de la vida social. Esto los vemos, incluso, por vía negativa, cuando frente a problemas de conducta en los jóvenes se dice que no han tenido una familia que los eduque y contenga; han crecido en un clima de orfandad afectiva y social. Parecería que llegamos descubrir su importancia y necesidad por su ausencia. Esto debería preocuparnos, a la familia habría que descubrirla en sus valores, su bondad y belleza moral, no tanto para defenderla sino para que sea un camino que nos involucre y haga responsables de ella. Aquí debería estar presente la misma sociedad en todas sus instancias políticas, educativas y económicas.

La familia necesita, por otra parte, de una actitud oblativa, de entrega al otro. Por ello, lo que destruye a la familia es el egoísmo, el individualismo, esa incapacidad de pensar en términos de nosotros, que es la clave que nos lleva a vivir ese sentido oblativo del amor, que es la causa de una profunda alegría. Qué triste cuando el otro es sólo un escalón en mí aparente realización personal, y vamos dejando vacíos que el otro necesita. ¡Cuántas familias destruidas por la pequeñez de intereses que creemos nos justifican! La familia necesita de docencia pero también de la presencia de testigos que muestren la alegría de su verdad, de su bondad y belleza. Ella necesita del tiempo, de la palabra y el diálogo para superar momentos difíciles y volver a encontrarse.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
30 de septiembre de 2017 - Arrepentimiento y cambio de vida PDF Imprimir E-mail

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ARREPENTIMIENTO Y CAMBIO DE VIDA

Un signo del arrepentimiento es el cambio de vida. Esto lo vemos en el evangelio de este domingo, en el que Jesús va a concluir con una frase que nos puede llamar la atención. Luego de haber hablado de la actitud de esos dos hijos, donde el primero dice que sí a una tarea que se le encarga y luego no va, y la del otro que al principio se niega pero finalmente hace lo que se le pide. Hubo un cambio de actitud en ellos que insinúa un cambio de vida. Así lo vemos en la frase con la que concluye: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios” (Mt. 21, 31). Lo que marca lo nuevo es el arrepentimiento, que abre un camino que permite el cambio de vida.

Es llamativo el ejemplo que nos propone, diría que Jesús no mira tanto el pasado como el futuro, lo que uno está dispuesto a hacer. Los publicanos y las prostitutas no tienen un pasado bueno que presentar pero si la posibilidad de un cambio de vida que los hace merecedores del Reino. Para Jesús no es importante el “curriculum vitae”, lo que hicimos, sino más bien lo que estamos dispuestos a hacer. Pensemos que esto se los dice a sus discípulos, a aquellos que lo siguen y que podrían, por ello, pensar que tiene el futuro asegurado. Sin embargo, la propuesta de Jesús no es decirnos que nos quedemos tranquilos con lo que ya hicimos, el pasado tiene su valor pero nos es garantía absoluta, no compramos con el pasado el futuro que siempre es pregunta y desafío. El arrepentimiento se nos presenta como inicio y camino de lo nuevo.

Esta actitud implica una vida de humildad y capacidad para revisar nuestro comportamiento y compromisos asumidos; es acostumbrarnos a hacer un examen de conciencia, que no es gusto por revolver el pasado sino el deseo de mantener vivo el nivel de nuestros ideales con las exigencias de cambio que ello conlleva. El valor del cambio, por otra parte, dice referencia a un mundo de valores y no simplemente al cambio por el cambio, que terminamos haciendo de nuestra vida una suerte de zapping” continuado, que no conoce la seriedad y la responsabilidad de la palabra dada como el compromiso con las personas y circunstancias que hemos asumido. A esto nos invita el Evangelio.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
23 de septiembre de 2017 - Justicia y misericordia PDF Imprimir E-mail

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JUSTICIA Y MISERICORDIA

El evangelio de este domingo nos presenta una situación difícil de comprender desde la perspectiva de una justicia de retribución equitativa, es decir, en este caso, pagar de acuerdo al tiempo trabajado. Jesús no entra en esta lógica, tampoco la niega, él se ubica en otro nivel, en el nivel de la misericordia que no es respuesta, ni se puede medir por criterios de una relación contractual, sino que tiene la lógica de la gratuidad, del don. Recordemos, el texto, el Señor envía a trabajar a su viña a diversos trabajadores y en distintos horarios, y a todos al final de la jornada les paga lo mismo, y concluye diciendo: “Por qué tomas a mal que yo sea bueno” (Mt. 20, 15).

Es importante recordar que el acuerdo que tuvo con los primeros fue distinto al que hizo con los demás. A los primeros les prometió un denario y cumplió; a los otros no les prometió un pago fijo, solo les dijo que vayan a trabajar a su viña. Por ello, podemos decir, que fue justo con quién hizo un arreglo, los primeros, como con quienes no había hecho ningún trato entre el trabajo y el salario. La fuerza de la parábola está en la actitud del Señor que no está condicionada por un acuerdo bilateral, que es lo propio de una justicia de retribución equitativa, sino por la misericordia que es un una actitud de amor que trasciende el límite de la justicia sin negarla. No se puede contraponer justicia y misericordia, pero tampoco igualarlas.

Este evangelio nos puede ayudar a revisar nuestras relaciones y a preguntarnos si sólo actuamos con el parámetro de la justicia, o si estamos dispuestos a dar ese salto cualitativo de la misericordia. El primero tiene algo contractual que se maneja con las matemáticas, el segundo nos habla, en cambio, de movernos con otras categorías propias del amor que busca el bien del otro, especialmente de quien está más necesitado. Aquí se nos presenta la caridad como un amor desinteresado y creativo, y que es participación de esa actitud del Señor que no depende de la obra que el otro realiza, sino que es expresión de un amor que no espera recompensa.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
16 de septiembre de 2017 - El perdón, como principio de una vida nueva PDF Imprimir E-mail

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EL PERDÓN, COMO PRINCIPIO DE UNA VIDA NUEVA

Uno de los temas centrales de la enseñanza de Jesús es el tema del perdón. A la pregunta de Pedro: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano?" (Mt. 18, 21), la respuesta del Señor no es cuantitativa, tal vez era lo que esperaba Pedro, por el contrario, el perdón, le dice, no debe tener límites, siempre, es la respuesta de Jesús. Esto nos habla del inicio de una vida nueva, que sin negar el valor de la justicia en su justa proporcionalidad, nos abre un camino capaz de sanar heridas y reconstruir relaciones en base a la verdad y el amor, que son la fuente de una vida nueva del Evangelio de la gracia. Insisto, esto no niega el plano de la justicia, pero no se ata a él, diría que la supone pero tiene un horizonte que la trasciende y al que somos llamados. El perdón no es impunidad.

El perdón es gracia, porque tiene su fuente en la Pascua de Cristo que ha reconciliado a Dios con el hombre y a los hombres entre sí. Es útil recordar a san Pablo cuando nos dice: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo” (2 Cor. 5, 17-19). Por ello, el perdón no se puede imponer como una ley, sino que es una invitación a participar de esa vida nueva que tiene su fuente en Cristo y se nos comunica como gracia. No es posible vivir la exigencia del perdón, de la que nos habla el Evangelio, sino comenzamos por vivir la novedad de Jesucristo en nuestra vida. En este sentido debemos decir que el obrar cristiano sigue al ser cristiano.

La conciencia de haber sido perdonado es la que nos debe llevar a perdonar. Esto lo vemos en la parábola del servidor que pide ser perdonado y no es capaz de perdonar. Conocemos la indignación del Señor: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?" (Mt. 18, 32). Sin conciencia de haber sido perdonados, es difícil comprender el Evangelio del perdón como gracia, nos seguimos moviendo en el plano correcto de la justicia, que tiene su valor pero su límite. El perdón, como gracia, no depende de la ofensa sino de la presencia viva de Jesucristo, que nos abre al camino creativo de una vida nueva.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
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