28 de abril de 2018 - Permanecer en el Señor PDF Imprimir E-mail

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PERMANECER EN EL SEÑOR

El Señor nos presenta una de las parábolas más significativas y claras para expresar la vida de un cristiano. Todo gira en torno al encuentro y a la permanencia junto a él. La imagen que utiliza es la viña: “Yo soy la vid, dice, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn. 15, 5). Como vemos, no se trata solo de una doctrina que debemos conocer sino de un encuentro que nos comunica su vida y está llamado a prolongarse en el tiempo. Este encuentro forma parte de la doctrina que él nos enseña, pero sin esta comunión de vida la doctrina carece de lo principal, puede quedar como una letra muerta.

La pregunta que nos debemos hacer es ¿dónde me encuentro hoy con Jesucristo?, o también, ¿cómo mantengo viva esa relación con él? Al cristianismo se lo conocía en los primeros siglos más que como una religión como un camino, que tenía su fuente y su esperanza en Jesucristo. Es decir, no era algo de un momento que pasa, sino una realidad permanente que nos acompaña y nos orienta hacia una plenitud de vida. Diríamos que no era un hoy sin mañana, sino un presente con horizonte de eternidad. Se vivía la certeza de la presencia viva de Jesucristo, de su Pascua, que se la celebraba cada domingo. Esta imagen de la vid y los sarmientos tiene en san Juan un profundo sentido sacramental. Podemos decir que su evangelio es el fundamento litúrgico de la vida de una comunidad.

Este permanecer con el Señor se inicia en la fe, se alimenta en su Palabra y se lo celebra en la Eucaristía. Hay una profunda relación entre Fe, Palabra y Eucaristía. En este sentido es muy claro el Concilio Vaticano II cuando nos habla de la eucaristía y la llama: “fuente y cumbre” de la vida cristiana. La Misa no es reunión social sino celebrar en comunidad la presencia actual de Jesucristo, en la que nos comunica su vida. Por ello, podemos decir, que una fe que no se celebra, que no hace memoria de lo que cree, termina quedando en una doctrina que va perdiendo esa savia que nos une a la vid, a Jesucristo. Cuando creemos en esto y vemos que la participación en la Misa dominical disminuye, es una señal que nos debe preocupar. Hay un esfuerzo muy grande en la catequesis que busca, precisamente, iniciar a la familia y al hijo, en la vida de una comunidad que celebra su fe.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Administrador Apostólico de Santa Fe de la Vera Cruz