Mensaje de Navidad 2020 PDF Imprimir E-mail

 

“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn.1, 14)

Queridos hermanos:
         La Navidad es la alegría profunda que nace de la Buena Noticia: Dios se ha hecho hombre, para que nosotros compartamos su amor y su vida! El Todopoderoso se ha hecho vulnerable para que lo podamos encontrar en lo pequeño y cotidiano. El Eterno ha entrado en la historia para hacer de cada tiempo un sacramento de su Presencia.

           Todo tiempo, con sus luces y sus sombras, se llena de sentido porque Él está con nosotros. Es el Emanuel! Este año, aún con su gran carga de dolor y dificultades, no es una excepción. La Palabra se vuelve a encarnar una y otra vez en nuestra historia y en nuestra realidad. Ella, se hace presente, se hace cercana, para contagiarnos su Vida y entusiasmarnos a vivir en plenitud.

         Este año transitado, con la pandemia que todos sufrimos, nos ha puesto frente a un sinnúmero de desafíos. Entre ellos, el de quedarnos en casa y transformar nuestro hogar en un lugar de encuentro, con nosotros mismos, con quienes convivimos a diario, y con Dios. Como nunca se hizo verdad encarnada, la expresión: “Iglesia doméstica”, porque la familia como pudo, mantuvo viva la llama del amor y de la esperanza. Fue una providencial ocasión para darnos cuenta que el Evangelio de la misericordia se vive en lo cotidiano, que nadie puede salir solo de las diversas situaciones y que la familia es importantísima para caminar en la fe.

           Hay una palabra que en este año resuena como eco en nuestros corazones, como respuesta a nuestras aflicciones: “todos”. Todos hermanos. Todos juntos. Todos Iglesia.

          Jesús, la Palabra del Padre, nacido del bendito de María, en la fragilidad de un niño recostado en el pesebre, ilumina todas las oscuridades más hondas vividas de este tiempo, superando el miedo, la angustia y el desconcierto. Él es la Verdad y la Vida, Él nos muestra que aún en las situaciones más difíciles el amor nos hace más fuerte, siempre sana y fortalece. Además, cuando su Palabra resuena en el silencio de nuestro corazón, la angustia pierde su fuerza, el llanto se hace felicidad y esperanza madura.

          Que firmes mirando el cielo, con los pies sobre la tierra, guiados por la estrella de Belén, lleguemos al pesebre donde todos los años se renueva el milagro de amor más grande, donde Dios se hace uno de nosotros.

         Nos confiamos a María, Madre de la Palabra de Vida, que Ella nos ayude a balbucear su “Hágase” y a conservar todo lo que no entendemos en nuestro corazón (Cf. Lc. 1,38; 2,51). Que su maternal ejemplo nos ayude a escuchar siempre al Señor, a encender la luz de la fe y hacer presente la ternura de su Hijo, en todos los ambientes necesitados de nuestro testimonio y compromiso fraterno.

         “Este año nos esperan restricciones e inconvenientes; pero pensemos en la Navidad de la Virgen María y de San José: ¡no eran rosas y flores! ¡Cuántas dificultades! ¡Cuántas preocupaciones! Sin embargo, la fe, la esperanza y el amor los guiaron y sostuvieron. ¡Que lo mismo nos pase a nosotros! Que nos ayude esta dificultad para purificar la forma de vivir y festejar la Navidad, huyendo del consumismo y que sea más religiosa, más auténtica y más verdadera” (Papa Francisco, saludo en italiano, al concluir la audiencia general del 16 de diciembre 2020).

¡Feliz Navidad para todos!

+ SERGIO ALFREDO FENOY
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Junto al Equipo de trabajo del Servicio Bíblico Arquidiocesano

Santa Fe de la Vera Cruz, Navidad del Señor de 2020.-

Última actualización el Martes, 22 de Diciembre de 2020 10:48
 
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