12 de mayo de 2018 - La Ascensión del Señor PDF Imprimir E-mail

Compartir

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Con la celebración de la Ascensión del Señor se cierra el tiempo pascual y nos abrimos a la espera del Espíritu Santo prometido, que celebraremos en Pentecostés. Jesucristo vuelve junto al Padre pero ya no solo como vino, sino como cabeza de un pueblo redimido. Es la fiesta de la esperanza de los que creemos en el triunfo de Jesucristo en la Pascua. Nos alegramos también por él, porque ha cumplido la voluntad de su Padre que era su alimento, ahora vuele junto a él pero manteniendo su promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo. Como vemos, la fe cristiana no se apoya en el recuerdo de alguien que vivió en otro tiempo y nos dejó una enseñanza, sino la certeza de su presencia actual que nos abre a una vida nueva de comunión con él.

El día de su Ascensión Jesús al despedirse de los apóstoles les deja una misión de alcance universal: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, les dice, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 19-20). Toda su vida fue una misión, es más, la razón de su envío es misionera: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo… no para juzgarlo sino para que el mundo se salve por él” (Jn. 3, 16). Esta es la fuente de la universalidad de su mensaje. En la persona de Jesús tomamos contacto con Dios, Padre y Creador de todos los hombres. El horizonte de su venida y predicación es universal, no está reducido a un pueblo o a una raza, por ello, la misión no es un agregado para la Iglesia, sino su verdad más profunda, siempre está llamada a ser una “Iglesia en salida”, nos diría Francisco.

Jesucristo no nos deja la misión como un mandato que debemos cumplir y se desentiende de nosotros, por el contrario, nos asegura su presencia: “estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”, nos dice. ¿Cómo está presente, hoy? Esta es la misión propia del Espíritu Santo que nos comunica su presencia como una gracia que transforma nuestra vida y nos acompaña. Entramos en el ámbito de la fe que se apoya en la palabra y la promesa de Jesucristo, es en este sentido que la carta a los Hebreos afirma con claridad: “Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús” (Heb. 12, 2).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Administrador Apostólico de Santa Fe de la Vera Cruz

Última actualización el Jueves, 17 de Mayo de 2018 10:31